Criterios de emisión de avisos y glosario.

Criterios

El objetivo de esta entrada es el de esclarecer los criterios que empleamos a la hora de establecer los distintos niveles de riesgo meteorológico (del nivel amarillo que expresa un bajo nivel de riesgo, al violeta o nivel 3 que expresa riesgo extremo). También es objeto de esta publicación, explicar en qué consiste cada variable empleada a la hora de confeccionar los diversos análisis (CAPE, cizalladura…).

El nivel amarillo, sin dotación numérica y que asocia un riesgo bajo o reducido, se debe a la posibilidad de chubascos sin consecuencias severas o con un bajo porcentaje de acarrear severidad convectiva. Prácticamente se correlaciona con la posibilidad de que se den chubascos o precipitaciones frontales asociando unos 15-20 mm en un periodo de tiempo no especialmente reducido. En lo referido al viento, se asocia a rachas de 70-80 km/h.

El nivel 1, (naranja) asociado a un grado medio de riesgo meteorológico. Entraña una mayor complejidad en la convección respecto al nivel amarillo, se asocia a lluvias puntualmente fuertes, no homogéneas, que puedan asociar a nivel local granizo de no gran tamaño (inferior a 3cm de diámetro). Hace referencia a precipitaciones de entre 35 y 50 mm. A su vez, se engloban bajo este nivel de riesgo medio, episodios de vientos convectivos localmente fuertes (puntuales downburst o reventones) y estructuras convectivas de cierta complejidad entre las que pueden incluirse las trombas marinas o las líneas de turbonada no muy intensas. En relación a las rachas de viento independientemente de las convectivas, hace referencia a un rango de 90-100 km/h.

El nivel 2, (rojo) asociado a un grado elevado de riesgo meteorológico, fundamentalmente convectivo. Hace referencia a una escala de complejidad convectiva acentuada, con episodios de lluvias intensas o muy intensas (acumulando puntualmente de 50 a 100mm en escaso margen de tiempo) pudiendo ocasionar inundaciones en áreas concretas no homogéneas. El granizo al que se refiere el nivel rojo o nivel 2, oscila entre los 3 y 5cm de diámetro puntualmente. Bajo este grado de severidad convectiva pueden darse líneas de turbonada acentuadas, sistemas supercelulares (SP) o sistemas convectivos de meso-escala (SCM). En lo que respecta a las rachas de viento no convectivo, nos referiremos a un baremo de 100-130 km/h.

El nivel 3, (violeta) se asocia a un grado de riesgo extremo, con una complejidad convectiva extraordinaria. Bajo esta circunstancia tienen cabida las precipitaciones  torrenciales o extremas (acumulando los 100 mm o más en escaso margen) de forma relativamente homogénea en el entorno del nivel 3. Granizo con diámetro superior a 5-7cm puntualmente y en torno a los 3cm de forma más generalizada. Las inundaciones bajo este nivel 3 pueden ser acentuadas y más homogéneas, con sistemas supercelulares bastante proclives, sistemas convectivos de meso-escala e incluso complejos convectivos de meso-escala (CCM). No se descarta igualmente la ocurrencia de tornados. El viento no convectivo abarcado por este nivel extremo, puede superar los 130 km/h.

Glosario

En primer lugar, nos centramos en la configuración atmosférica a escala sinóptica, apreciando fundamentalmente las regiones dominadas por la divergencia en niveles superiores, posteriormente nos centramos en un análisis a nivel meso-escalar.

  • Divergencia en altura: cuando la corriente en chorro atraviesa un entorno con una trayectoria de SW-NE o S-N, por una serie de circunstancias que obviaremos, desencadena divergencia. Lo que se produce es un déficit de masas de aire en altura que es compensado con un movimiento vertical ascendente. Digamos que es algo tal como si en niveles superiores se acoplara un aspirador de masas de aire apuntando hacia superficies isobaras subyacentes. Es por ello, por lo que un ramal del chorro ascendente o de III cuadrante, estimula la convección y consecuentemente la inestabilidad. En niveles inferiores al chorro, se hace referencia a la advección de vorticidad ciclónica/anticiclónica.

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  • Humedad relativa (HR). Medida en unidades porcentuales. Se trata de uno de los primeros parámetros que empleamos a la hora de realizar un análisis de la severidad más detallado territorialmente. Lo que mide es la cantidad de vapor de agua que posee una masa de aire en relación a la que potencialmente podría albergar para una temperatura dada. Es un parámetro fundamental ya que determina los procesos de condensación, repercute en la presencia de inversiones térmicas, en la CAPE, en la intensidad del viento a escala local, etc. Valores de HR reducidos en niveles bajos (superficie y 850 hPa) reduce la posibilidad de que acontezcan tormentas y, en caso de acontecer, la posibilidad de reventones o “downburst” no se descarta. Si la HR es reducida en niveles medios (700hPa), los procesos de convección pueden verse frustrados debido a la posible presencia de inversiones térmicas. Sin embargo, si acontecieran y el valor de la CAPE fuese acentuado, las tormentas podrían ser intensas. Como se ha especificado, tiene gran trascendencia en la medida de la CAPE que se detallará a continuación. Cuando la temperatura es mayor, la capacidad de una masa de aire de albergar vapor de agua es mayor. Dicho de otro modo, un estrato de aire con abundante vapor de agua alberga mayor calor latente, que en caso de liberarse al saturar, puede implicar una mayor severidad convectiva.

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  • Energía potencial convectiva disponible  (CAPE). Medida en julios/kg (j/kg). Indispensable a la hora de predecir tormentas. La CAPE se calcula a partir de la temperatura y la HR en niveles bajos y se propaga a lo largo del perfil atmosférico a partir del Nivel de Convección Libre (NCL). El NCL que da inicio a la CAPE es el nivel de la atmósfera a partir del que una masa de aire asciende “por si misma”, por su propia densidad reducida respecto al entorno. Hasta que se llega a este nivel, las masas de aire tienen que ascender por mecanismos externos a su naturaleza (convergencia de vientos, superficie frontal, cordillera montañosa…). La CAPE se extiende hasta el nivel de equilibrio (NE) allá por los 10.000 metros de altitud en verano, por lo general. Es imprescindible este parámetro para la predicción de granizo, pues cuando la proporción de CAPE es gruesa (alto valor o apreciación cualitativa en un radiosondeo), la velocidad de las corrientes ascendentes es acentuada y a las masas de aire no les da tiempo a incorporar un hipotético estrato seco que pueda existir. Cuando la velocidad ascendente es importante, el granizo también puede serlo. Así pues, un alto valor de CAPE puede desencadenar severidad convectiva si existen los suficientes mecanismos para ello. Sin embargo, si la HR en todas las capas es medianamente importante aun no siéndolo la CAPE, también se puede desencadenar severidad (con menor probabilidad de asociar granizo). Esto es especialmente notable en meses primaverales.
  • Inhibición convectiva (CIN). Es medida en j/kg al igual que la CAPE aunque con una numeración negativa. La CIN básicamente es la energía que se requiere para que la termoconvección de comienzo, si es superior a la CAPE, la inhibición será efectiva y se frustrará la convección (a no ser que existan mecanismos de disparo adicionales). En general, en lugar de referirnos a esta magnitud como tal, nos referimos a la presencia de estratos invertidos térmicamente. Inversión térmica que es debida a la presencia de un estrato seco subsidente fundamentalmente, contrapuesto pues, al movimiento ascendente característico de la convección.

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  • Cizalladura. Medida en metros/segundo (m/s). Se trata de un parámetro que nos permite predecir el grado de organización de las células convectivas. Es un parámetro que refleja la variación en la velocidad del viento con la altura y por tanto se mide en distintos espesores (0-1 km, 0-3 km y 0-6 km). Fundamentalmente nos centramos en el espesor 0-6 km, es decir, la variación en la velocidad del viento entre la superficie y los 6km de altura, sin embargo, cuando el grado de severidad previsto es acentuado, es interesante observar la cizalladura en niveles bajos (sistemas supercelulares y tornados son proclives con cizalladura ciertamente elevada en tales niveles). El granizo también depende en parte de esta variable, ya que la cizalladura permite la inclinación de la nube de cumulonimbo y esto origina la separación entre la sección de alimentación y la de descenso, la separación entre las corrientes ascendentes (concentración y amplificación del granizo) y descendentes (caída del mismo). Sin embargo, un valor elevado de cizalladura en los seis primeros kilómetros (superior a 30 m/s) puede frustrar la organización y potencial severo.

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  • Helicidad. Medida en m2/s2. La helicidad es incluso más concisa que la cizalladura. Este parámetro se encuentra ligado al anterior, con algunos matices. Si la cizalladura se refería a la variación de la velocidad del viento con la altura, la helicidad se refiere a la variación de dirección en la cizalladura, es pues, la cizalladura del desplazamiento. La helicidad es pues, la variación en intensidad y dirección (hacia la derecha o hacia la izquierda) del viento con la altura. Lo que hace este parámetro, es dotar de movimiento ciclónico a las masas de aire que ascienden, haciéndolo pues en espiral, esto propicia la aparición de estructuras complejas como pueden ser los sistemas supercelulares o tornados. Igualmente determina hacia qué dirección se desviarán con respecto a la componente original, estos sistemas. Poco más se puede decir al respecto, más que matizar que se suele predecir en el espesor 0-3km.

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